Mochirockeando Córdoba #4: El mundo a dedo

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El mundo entero está a un dedo de distancia. No importan dónde quieras ir o si siquiera lo tenés en claro, existe la chance de llegar. 

Salimos el lunes 12 de San Marcos Sierra, a una semana de viaje, habiendo cambiado la idea de ir a La Rioja para ir para San Luis. A pesar de la diferencia de distancia, la idea de llevar todo este peso en mochilas que no están diseñadas para esto y que en los pocos días que llevábamos ya nos estaba lastimando el cuerpo, con 10 grados más de temperatura no nos estaba cerrando.

San Marcos Sierra nos dio toda la confianza que necesitábamos para hacer dedo por primera vez y nos aventuramos después de despedirnos de la grossa de Maca a intentar llegar al menos al cruce de ruta a dedo. Las metas cortas nos daban la confianza para ir avanzando de a poco. 

A los pocos minutos de hacer dedo, nos llevó un copado que nos hizo dar cuenta que la ruta que habíamos visto en el mapa nos iba a llevar por arriba de las sierras y que se nos iba a hacer muy difícil, casi hasta imposible que alguien nos lleve a dedo. Nos orientó y nos dejó en el límite del fin de Cruz del Eje para que caminemos por la ruta 38.

Caminamos cerca de media hora y cuando estábamos pensando que la cosa se iba a hacer más larga de lo que habíamos anticipado frenó un auto con un Bombero Voluntario (creo creo que todos los que nos conocen saben lo mucho que amamos a los bomberos y la buena onda que suelen tener) y un familiar. Ambos habían competido en ciclismo y participaban de actividades relacionadas, así que todo el camino a Villa de Soto hablamos de ciclismo y el viaje del año pasado. Tenían super buena onda y nos dejaron en la división de las rutas 38 y 15 para que pudiéramos encaminarnos correctamente hacia dónde íbamos.

Caminamos un rato, vimos vacas, esperamos y caminamos otro poco, cuando un señor que iba a trabajar en obras del gasoducto a San Carlos Minas nos llevó en su camioneta hasta allá. 

De allá caminamos un tramo largo. Ya era mediodía y si bien teníamos tiempo para andar sabemos que cuánto más tarde se hace menos gente anda y menos probable es que te lleven. De por sí la ruta 15 (tal vez por no ser temporada) se nos hizo poco transitada. El transporte público es casi nulo y muy caro así que no fue hasta sino casi dos horas después que muy cansados, con hambre y ya desesperanzados tomamos el colectivo a lo más lejos que podíamos pagar con la esperanza de que por allí hubiera más tránsito, Taninga. En esa parada de colectivo hicimos una amiga, que dudamos que lea esto alguna vez, pero a la que igual le queremos agradecer la buena onda, la fuerza y la ayuda.

En Taninga, ya siendo casi las 4 de la tarde, decidí intentar vender algunas postales para tener algo de plata para cuando llegáramos a nuestro último destino del día (aunque aún no supiéramos dónde iba a ser eso). Ya no nos llevaba nadie y no veíamos tampoco más colectivos, así que una vez más decidimos caminar. 

Esa caminata nos llevó los 4 kms de Taninga a la entrada de Villa de Pocho dónde esperamos el colectivo cerca de una hora sin señal de que fuera a venir ni que nadie nos fuera a llevar, así que empezamos a buscar planes alternativos.

Fue entonces que me acerqué a una de las casas que estaba a la vista desde la ruta y conocimos a Elisa que inmediatamente y sin dudar nos dio permiso para acampar en el patio de su casa. Aparentemente no somos los únicos viajeros que se han quedado en el camino en ese tramo. Cómo si fuera poco, en es momento nos cae la ficha que no tenemos provisiones y no hay dónde abastecerse cerca. Si bien nos hacía sentir mal no poder siquiera haber invitado la cena, al menos nos dio chance de probar la cocina de Elisa que está estudiando para ser chef y repostera. Si son de la zona y aún no tienen su rosca de pascua reservada les recomendamos que pregunten por las de Elisa, qué mano! 

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Una noche más en la que probamos viaje a viaje, tramo a tramo, la importancia de ser parte de una comunidad y apoyar y ayudar desde donde cada uno puede para que todos salgamos adelante día a día, en la ciudad más grande, en los pueblos más chicos y en la ruta.

Muchas gracias Elisa y Familia y a todos los que nos ayudaron a llegar esa tarde hasta allí.